Estoy sentada frente al mar, una belleza de pintura frente a mis ojos, montañas, árboles, piedras, mar. Colores y sonidos embelecedores. Siento gratitud por tener la posibilidad de contemplar tanta belleza, por sentir la paz que transmite cada elemento, por ser capaz de sentirme bendecida, por tener la capacidad de solo estar aquí, en este momento, sin esperar nada, sin desear nada. Siento que la fuente de esta paz no está afuera en la belleza que contemplo, esta paz nace dentro de mi, en uno y en todos los lugares, se proyecta a cada una de mis células y se proyecta a través de mis ojos hacia afuera, a todo lo que veo, y se refleja de vuelta en los colores, en los sonidos, en los olores.
Si esta sensación de calma y tranquilidad estaría solo afuera, no podría sentirla, podría solo imaginarla, podría desearla, pero no tenerla. Comprendo y se, que como es adentro es afuera, comprendo que si sientes paz entonces la verás en todo y en todos, si sientes gratitud entonces agradecerás, si te sientes completo entonces tendrás todo, si estás contento entonces nada ni nadie podrá afectar ese estado.
¿Por qué veo belleza en el mar? ¿Por qué cierro los ojos y el sonido del agua se siente tranquilizante? ¿Por qué los colores después de la puesta del sol me fascinan? ¿Por qué una melodía me hace sonreír?
Porque todo eso lo tienes, todo eso ya es parte de ti, nada de lo que necesitas esta afuera de tí. No hay afuera ni adentro, eres parte de todo y de todos, todo y todos son parte de ti. Toda la paz, la gratitud, el contentamiento siempre están en ti, contigo.
Ahora comprendo que como es adentro es afuera.
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