viernes, 30 de abril de 2021

Viajar

Aún no había escrito sobre los viajes que realicé desde el 2016 hasta el 2019. A mis 38 años, habiendo estudiado y trabajado desde los 15, finalmente decidí viajar a los lugares que siempre había soñado. Lo hice en un momento en el que quería escapar, en el que no quería seguir sintiendo responsabilidad por todo lo que ocurría a mi alrededor, decidí finalmente hacer lo que “quería”, nunca lo había hecho hasta ese momento.  Este viaje, que luego me di cuenta era interno, lo comencé en el 2000, cuando por primera vez un conocimiento diferente y profundo llegó a mi vida.

“2016” En abril de 2016 viajé a Europa por primera vez, y decidí comenzar en Italia, a través de un viaje de estudios para aprender italiano -había estudiado italiano en Lima 12 años antes. Este viaje me llevó a Roma, Florencia y Milano, Venecia, Lago Como, Pisa, .… Además visité Praga, Paris, Atenas, y las islas griegas de Santorini, Mikonos y Naxos. Este primer viaje duró 45 días. Mi entusiasmo y nerviosismo estuvieron presentes durante el viaje, y se fue agregando la felicidad de ver con mis propios ojos los lugares y maravillas que hacía tanto tiempo había solo imaginado. Mi encuentro con el Coliseo Romano el segundo día que pisé Roma es indescriptible, la emoción llegó hasta las lágrimas y sentí un profundo agradecimiento por estar ahí en ese momento.  Así me pasó con cada lugar, la Fontana di Trevi, El Vaticano, y ahí mismo comenzaron los regalos, el día que visite San Pedro ese día miércoles el Papa salía a hablar a los feligreses y lo pude ver de muy muy cerca, me embargó una emoción que no sabia que podía sentir. El viajar sola me permitió conocer muchas personas en cada lugar que visité, fui bendecida. En Paris pasé uno de los momentos mas difíciles del viaje, la noche que visité la torre Eiffel, regresé muy tarde y el metro cerró, no pude hacer el cambio de trenes y tuve que caminar hasta el Hotel durante más de una hora a la 1 de la mañana por calles y avenidas que nunca había visto, conocí a una pareja saliendo del metro y les pedí caminar con ellos, luego de un tramo, seguí sola guiada por google maps; el estado de alerta en el que caminé me dejó agotada y asustada esa noche. Mi viaje terminó en Grecia, donde pasé mi cumpleaños, el 27 de mayo llegué a Santorini y lo disfruté muchísimo. En este viaje pude comprobar una vez más que los sueños se hacen realidad cuando uno mismo los haces realidad, cuando uno mismo lo decide, sólo haces un plan y te atreves. Además aprendí que las personas en su mayoría son buenas y amables.

“2017” Este año decidí volver a viajar para seguir conociendo Italia principalmente y Grecia. Seguir cumpliendo mis sueños, pero a la vez encontré que viajar sola me hacía experimentarme más y esta experiencia me hacia sentir muy feliz. Planifiqué otra vez un viaje de 45 días, esta vez por el sur de Italia, y las islas Griegas de Creta y Rodas. Pasé mi cumpleaños en Capri, Italia. Igual que en el primer viaje conocí a personas maravillosas y amigos para siempre. Esta vez me pasó algo increíble. Cuando estaba en Creta, el último día antes de partir hacia Rodas, visité una tienda de un artesano que trabajaba la madera del Olivo, entré a la tienda y comenzamos a conversar, él me preguntó de dónde venía, qué hacía, y yo le respondí que era de Perú, hablamos de Machupicchu, y le dije que me encantaría quedarme en un lugar donde pueda enseñar Yoga -esa idea había estado en mi cabeza desde el inicio del viaje. Él, abrió un mapa de Creta y me dijo que tenía una tienda en Spilly, señalando un pueblo al sur, y que había escuchado de un lugar donde enseñaban Yoga: Triopetra. Me dijo: puedes buscar en google. Entonces le agradecí, hice unas compras y seguí caminando. Esa noche al llegar al Hotel decidí buscar el lugar en google, y encontré un retiro de yoga en esa playa, entonces les escribí un mail preguntando si podía enseñar ahí. Al día siguiente partí a Rodas, descubrí lugares bellísimos, y cada noche regresaba a esperar la respuesta, no llegó.  Entonces regresé a Atenas y luego a Roma. 
El sábado recibí la respuesta por e-mail y luego hablé por teléfono con los dueños del Retiro de Yoga, sonaban a una pareja de 60 años, muy amables, con inglés de Inglaterra, me explicaron que toda la temporada de los retiros semanales ya estaba programada, pero que podía ir a conocer el lugar y quedarme en un programa de servicio voluntario -Karma yoga- me explicaron en detalle en qué consistía y reforzaron todo a través de un e-mail larguísimo, esperaban mi respuesta para recibirme ese lunes. Me quedé maravillada por su atenta llamada, y pensé mucho, dude mucho y a pesar de que quería quedarme - mi vuelo de regreso a Perú era ese lunes -tenia un sentimiento de culpa de seguir viajando, de no regresar, de gastar más dinero, de perder mi pasaje de regreso, todo eso en mi cabeza. Entonces, como en todas las decisiones importantes en mi vida hasta ese momento, llamé a mi papá, le conté y con lágrimas le dije que no sabía qué hacer, él me respondió que "esas oportunidades se presentan una sola vez en la vida", y que la tome porque no tenía urgencia de regresar, además iban a ser solo dos semanas. Con esa tranquilidad, compré un vuelo a Atenas, avisé a Hellen y Phill, -que resultaron tener máximo 40- y el lunes en lugar de tomar el vuelo a Lima regresé a Creta.  Ahora sé que esta fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Me quedé 5 semanas en el Retiro de Yoga, y luego continué viajando hasta el día 89 de mi estadía en Europa - la visa se vence el día 90, conocí varias ciudades de Grecia, España y Portugal. En este viaje me di cuenta para qué estaba viajando, porqué quería tanto viajar, recibí maravillosos regalos y hasta un milagro.


“2018” Este año decidí viajar por 3 meses. De este viaje solo tenía algo planeadas las primeras 3 semanas, iría a una boda en Catania, Italia, y luego al Retiro de Yoga en Creta, Grecia. Después mi idea era ir a Turquía, Tailandia e India. Durante el Retiro en Creta conocí a  un profesor de yoga muy famoso y muy especial, gracias a sus enseñanzas y las experiencias de esos días pude conectar con la naturaleza de manera muy especial, y aprendí que somos como la naturaleza, nos comportamos con los atributos de un árbol, del mar, del viento, de una piedra…según las circunstancias y las situaciones que nos tocan vivir.  El último día fui a despedirme del mar, sola, y en el camino de regreso sentí gran parte de la naturaleza en mí, y entendí.  Decidí seguir mi viaje por Turquía y llegué a Estambul, por primera vez sentí mucha tranquilidad en una ciudad nueva. Luego de 5 días de recorrer la ciudad, decidí partir a Tailandia, y antes de comprar el pasaje me di cuenta de que era necesario tener la vacuna contra la fiebre amarilla y su certificado para poder viajar. 
Me vacuné en Estambul y esto me obligó a quedarme 10 días más antes de viajar a Bangkok. Entonces decidí viajar por todo el país. 

No tenía idea que Turquía contenía tantos lugares importantes para la historia del mundo, desde los lugares donde encontraron los restos más antiguos de la civilización hasta la tierra donde se refugiaron los primeros cristianos, pasando por el Rey Midas, Troya, Effesos, y Rumi -uno de los maestros que conocí en este viaje interno que había retomado con fuerza en el 2015. Visité la capital de Turquía, Ankara, y luego partí a Capadocia, esta reserva mágica y maravillosa que me cautivó, quedé impresionada por la historia, por el paisaje, y por la gente. No sabia que acá conocería a uno de mis maestros en vida -una persona que me llevó a mis más profundas luz y oscuridad. Seguí mi viaje hacia Pamukale, Efesos, y luego Estambul.

Luego partí a Tailandia, visité Bangkok, me quedé en una isla al sur llamada Ko Phangan,  y estudié masaje tailandés en dos escuelas en Chiang Mai, una ciudad al norte de Tailandia. 
En este país me sentí en casa, el ambiente es relajado, calor, sonrisas, aromas, calidez, masaje tailandés y budismo. Me sentí como una niña feliz de aprender cuando estudiaba masaje tailandés, una felicidad que pintaba esa sonrisa de oreja a oreja gigante, en paz y plenitud total, en completa presencia y alegría. Conocí gente maravillosa de Colombia, Japón, Bélgica, con quienes tengo hasta ahora una linda amistad.  Me empapé de la cultura, la comida y la religión. Conocí a una mujer, de mi edad, que me enseñó sobre el budismo, se dio el tiempo de contarme la historia, se desprendió de libros y copias de separatas de oraciones especiales para dármelos de regalo, me enseño a orar.  Sentí tanto agradecimiento, encontré tanto sentido, sentí tanta paz. Quería quedarme más tiempo, podía vivir e instalarme en Chiang Mai. Quería también llegar a India, entonces partí.


Viajé a Chennai, en Tamil Nadu, al sur de India.  Mi viaje por India lo pensé basada en las conversaciones que tuve con profesores de yoga en el retiro en Creta, todos me hablaron de Tailandia e India, y decidí comenzar por el Sur de India. Llevaba no solo mi pequeña maleta y un bolso, sino también medicinas chinas que me habían recomendado en caso me enfermara en India, ya que era la primera vez que viajaba y sola.  Mamá India, entendí porqué se le llama así. Visité templos de los siglos 7 y 8 en Mahabalipuram, impresionantes tallados en piedra, con mucha simbología y mensajes. Viajé por bus la mayoría de tramos, buses locales, esos que van de pueblo en pueblo, sin vidrios en las ventanas, fabricados hace 20 o 30 años, con mujeres y hombres locales que no hablan inglés. 

El segundo día, cuando caminaba hacia los templos, y observaba todo a mi alrededor: gente vestida diferente a lo que había visto antes, las mujeres y niñas con saris, los hombres solo pantalones y algunos con turbantes, todos descalzos, limpiando las puertas de sus casas, vendiendo, en motos, en la calle; otros mas desnudos todavía solo con taparrabos, todos con tez morena, mirada intensa y calma, algunos con una ligera sonrisa; vacas libres, caminando, comiendo, sentadas. Primero sentí una especie de temor, sentí que todos me miraban y sentí que me podían robar… y de pronto me pregunté: quién era yo para que me miren? quién era yo para que me roben? Me siento tan importante?… y en ese momento me sentí pequeñita, un punto, invisible, sentía que no existía, que era nada, nadie me miraba, nadie se ocupaba de mi presencia, todos estaban inmersos en su labor, en sus quehaceres, en su propia vida. Sonreí y me sentí libre. Me di cuenta de mi pequeñez. Al día siguiente salí a la carretera, preguntando y pronunciando Tiruvanamalai, subí a uno de esos buses, y viajé por 8 horas, cambié de bus, y viaje otras 4 horas más, y llegué al lugar más increíble de mi vida, la ciudad donde vivió el Maestro Ramana Maharashi. Asistí al Asharam todos los días, participé en las pujas, en las charlas, me senté a meditar frente a la imagen del Maestro, conocí su historia y comencé a respirar sus enseñanzas. Después de algunos días partí hacia Coimbatore, pero antes, el mismo día que partía, una mujer en el alojamiento me preguntó de dónde era, le dije de Peru, y me dijo ¨Machupicchu¨, quiero ir a conocer esa montaña, se dice que al otro lado de Arunachala -el monte sagrado de este pueblo- está Machupicchu. Mi corazón se alegró, sonreí impresionada y agradecí mil veces haber estado aquí. En este lugar tuve la experiencia de Dios. En una de las pujas, donde se camina alrededor del Lingam, en el momento de la ceremonia, había una niña con su mamá caminando en toda devoción delante de mi, en un momento esa niña volteó a mirarme y me sonrió, en ese instante pude ver a Dios en los ojos de esa niña. No puedo explicar, la alegría, el amor y la paz que sentí en ese momento.
Después de 8 horas o más de viaje en Bus, llegué a Coimbatore, eran las 5 am, estaba oscuro y el bus nos desembarcó a todos en una avenida, sólo tenía el nombre del alojamiento y un número de teléfono. Cuando todos los pasajeros se habían ido en las moto taxis, me quedé sola, observando, me puse cerca a unos monjes. A eso de las 6 am, después de hablar en medio Ingles y medio Tamil, logré que se comunicaran con el hospedaje y una moto taxi me llevó. Me di cuenta que en este momento, no temía lo que pudiera pasar, no tenia miedo, lo que tenía que pasar iba a pasar.  Llegué a esta ciudad para visitar Isha Center de Sadguru, otro de mis Maestros, y uno muy famoso. Sentí que eran lugar bonito, bien cuidado, aunque sentí un ligero toque comercial. Era el día 81 de mi viaje, aproximadamente, estaba agotada, tenia muchas picaduras de mosquitos, y me quedé sin voz, la garganta se me había inflamado por los viajes en buses sin ventanas. Entonces decidí regresar a Turquía, para pasar ahí la última semana del viaje, antes de viajar a Roma para mi vuelo de regreso a Lima. Tomaba el vuelo desde Delhi, entonces aproveche y visité el monumento más famoso de la India, el Taj Mahal. Como en todo el viaje, conocí gente linda, dos chicas en el Hospedaje e hicimos el viaje juntas.

Cuando terminé este viaje, me di cuenta del significado de mis viajes, me di cuenta de que no estaba buscando conocer lugares y más lugares, me di cuenta de que me estaba buscando a mí misma. Ese deseo profundo de viajar, ese sueño de viajar sola, se tradujo en la vivencia de experiencias únicas, donde se fueron manifestando diferentes aspectos de mi ser, de manera que yo misma los iba conociendo, además iba recibiendo gracia divina pura, iba viendome más claramente. Y esas experiencias únicas simplemente aparecieron en mi vida como planeadas, como si fueran las experiencias exactas que yo requería vivir para mostrarme, solo a mí a nadie más, quién era yo. Solo yo, me pude dar cuenta de los cambios que iban ocurriendo en mi, porque en cada lugar conocí gente nueva, ellos no sabían nada de mi, de como era, de como pensaba, de como actuaba, solo yo me iba dando cuenta de todo lo que soy, a través de vivir cada experiencia. Ninguna otra experiencia ha provocado en mi tanta gratitud, tanta admiración por mi misma, tanta felicidad. Amen.