Ese momento de pausa que aparece sin buscarlo, sin hacer esfuerzo, donde sientes plenamente que todo es perfecto. Respiras el aire frio y hueles la hierba mojada después de la lluvia, tu cuerpo no siente frio ni calor, tu mente observa las flores y animales a tu alrededor, observas como todo es, sin prisa, todo respira el aire que hay, se nutre de la tierra mojada, del agua de lluvia, de los últimos rayos de sol que aun alumbran la tarde. No hay ruidos molestos, solo el sonido de la vida en la tierra. Sientes todo tan tranquilo afuera, o será que tu tranquilidad interna te hace ver todo tan perfecto?
Ese momento de quietud interna, donde sientes que no hay pendientes por hacer, ni problemas que resolver, donde sientes tu mente en pausa, sin ruido, y reconoces este momento porque es tan extraño a todo lo que conoces, y encuentras un lugar acogedor para sentarte y contemplarlo. Descubres un lugar que siempre había estado ahí, sin embargo recién aparece ante tus ojos. Así como este momento que no llegó de algún lugar sino que siempre estuvo aquí.
Y lo disfrutas, tan solo contemplando esa quietud interna y externa, sintiendo esa calma interna y externa, lo disfrutas plenamente y lo conviertes en parte de ti, para siempre.