Rendirse: dejar de resistir.
Cuando te das cuenta que estas cansada, que tu cuerpo fisicamente está agotado, y te das cuenta que tu mente está inquieta, entonces derramas lágrimas, y comienzas a soltar ese cansancio, comienzas a soltar pensamientos, comienzas a soltar acciones, y te das cuenta que todas estas te habían agotado. Entonces te arrodillas, te agachas, posas tu frente en el suelo, sientes la tierra dura y fuerte que te sostiene. En ese momento sientes conscientemente y dices "me rindo". Es una sensación agradable, así como cuando agradeces, sientes un alivio en tu cuerpo y en la profundidad de tu corazón. "Me rindo", sientes la verdad de esa sensación, sientes libertad, sientes paz.
Rendirte a la vida, es aceptar la vida, tu propia vida, es aceptar que los demás son espejos, que las situaciones son aquellas que tú creas a cada instante. Que tu responsabilidad es fluir, que tu inteligencia está en reconocer las situaciones con claridad y actuar según lo que se necesita, sin esfuerzo, sin pelear, sin resistir.
Rendirte a tu propia capacidad, de saber, de sentir, de aceptar, de actuar, de imaginar, de crear.
Cuando te rindes desde la sabiduría, te unes con la consciencia única, abres tus barrotes, sueltas tus ataduras, respiras con toda tu capacidad, te mueves sin temor, expresas sin dudar, recibes sin resistir.
Y tu vida cambia, todo cambia a partir de ese instante, cuando tu frente tocó el suelo y dijiste "me rindo".
No hay comentarios:
Publicar un comentario