06/07/17
Después de la clase me emocioné, no se si fueron los ajustes de Patrick o toda la práctica en sí, sentí mucho amor en la clase, amor incondicional, le agradecí, lo abracé y comencé a llorar, no paré de llorar por los siguientes 30 minutos, sentía que quería seguir abriendo mi corazón, con asanas como anahatasana, y lloraba, con llanto como no había tenido antes, no sentía cólera, ni pena, sino solo lloraba, como agradeciendo, como soltando, como sacando algo que estaba estancado, cerrado, bloqueado, fue una práctica que me llevó a desbloquear el área del pecho, del chakra del corazón. Quería abrirlo y abrirlo y luego lloraba. Y sola, hice anahatasana y luego pensé en arco completo y traté y pude estirar mis brazos, pude elevar mi cabeza del piso. Fue increíble porque era la primera vez que lo lograba. Traté por segunda vez y no pude volver a levantarme, traté por tercera vez y tampoco pude tanto como la primera vez, luego me calmé y tome una ducha.
La práctica de Yoga de ese día la había dedicado a un tema especial, y la respuesta se dio: amor incondicional.
Después de esa práctica comprendí por qué hacemos la práctica del Yoga: asana, cuerpo energético y mental. Para desbloquearnos. Para poder ser libres del sufrimiento que cargamos desde que nacemos y que vamos construyendo y guardando equivocadamente en nuestros Koshas y que cuando es muy fuerte, cuando no lo hemos limpiado ni una vez, entonces aparece en nuestro cuerpo físico, y es a través de el que también podemos curarlo, para eso se trabaja cada asana, para mover, abrir, desbloquear conscientemente cada chakra, partes donde se acumulan los sufrimientos. Mucho de los males son inconscientes o los tenemos guardados, y nos llevan a actuar de manera poco útil para nosotros y para el mundo. Y a veces cuando se desbloquea una parte, como el corazón, y se destapa el amor incondicional, puede curar, sanar, eliminar cualquier sufrimiento relacionado con ese amor, ese desbloqueo puede curar.
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